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año ii - nº674 Miércoles 5 de agosto de 2009
edición nacional 1 euro
REPORTAJES, VIAJES, RElATOS y TOdOS lOS PlAcERES
Sexo en Su tinta EdITORES y AuTORES RETOmAn El EROTISmO En El cómIc
Los mensajes de rajoy en su videoblog
política económica
Violencia de género
Pag. 40
las víctimas de maltrato no vieron el peligro
eeuu Pág. 10
«Zapatero nos lleva al corralito si no rectifica»
Descanso
«Yo me voy en un par de días. Felices vacaciones.... al que las tenga»
Ofensiva cOntra zapaterO
clinton logra que corea del norte libere a dos periodistas
El PP exige al Gobierno perseguir a ETA y no a Camps
Cospedal dice que «con este Gobierno la democracia está en serio peligro», porque
la Fiscalía recurre ante el Supremo el sobreseimiento de Camps // El sumario remitido
por Madrid duerme en un almacén del Tribunal valenciano, en cajas sin abrir
Sanidad Pág. 42
una mujer de 32 años muere en Girona por la gripe a
Fútbol Pág. 50
el paro bajó en julio, pero volverá a subir en otoño
Las contrataciones veraniegas y el Plan E revitalizan el mercado laboral // 20.794
desempleados menos y 45.568 afiliados más a la Seguridad Social
El mejor julio en cinco años
Variación del número de desempleados
el Madrid ficha a Xabi alonso por 30 millones
Miércoles 5 de agosto de 2009
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del TexTo refundido de la ley de propiedad inTelecTual. depóSiTo legal: av-144-07
Médico. El anestesista
del Severo Ochoa sueña con tocar el mejor solo de trompeta sin abandonar su lucha
contra el dolor
Luis MOntEs de pequeño
quería ser...
7 placeres capitales
01 un libro ‘La sociedad abierta y sus enemigos’
KARL POPPER
02 una canciÓn ‘Aquellos ojos verdes’
nAt King cOLE
03 una escapada Los Arribes del Duero 04 una película ‘Bird’
cLint EAstwOOd
«¿Qué mejor que hablar de jazz para enamorar a una mujer?»
La otra cara
05 una prenda Pantalones cortos 06 un plato Huevos fritos con patatas 07 un icono
sexual Rita Hayworth
JESÚS MIGUEL MARCOS
n el frío noviembre de 1989, el trompetista estadounidense Miles Davis ofreció
dos conciertos en el Palacio de Deportes de Madrid. Algo inesperado ocurrió en el
primero de ellos, celebrado el día 10. Al salir al escenario, Davis recibió un
sonoro abucheo. Según cuentan las crónicas, su equipo técnico llegó tarde al
recinto y el concierto comenzó con un retraso considerable, lo que desbordó la
paciencia del público madrileño. Luis Montes, sin embargo, disfrutaba en secreto
de la espera. Había convencido a veintitantos colegas del Hospital Severo Ochoa
para ir al concierto –“toda la panda”, recuerda–, pero él hablaba y hablaba
con Maribel. “Monté lo de ir al concierto porque iba ella. Fue muy agradable.
Los dos teníamos una historia detrás, yo me acababa de separar, tenía 45 años...
¿Qué mejor que hablar de jazz para enamorar a una mujer?”. Maribel, su pareja
desde entonces, se
partía de risa cuando Luis le decía que de mayor quería ser trompetista. “¿Quién
no ha querido ser trompetista?”, se pregunta Luis Montes, sentado en un banquito
de un apacible parque al lado de su casa en Madrid. “Me veo aquí, en el parque,
solo, solo, solo, al anochecer, tocando un solo de trompeta... sería una delicia,
un disfrute total”. Le encanta la música en general y el jazz en particular. Habla
de Miles, de Marsalis, “también había un tal... ¿Linford? –titubea–; ¿Rayford,
Linford?... No lo recuerdo. Estoy bastante alzhéimer y se me olvidan los nombres”.
Cuando se trata de sus deseos, en cambio, su mente se acelera: “Joder, cómo me
gustaría tocar de puta madre la trompeta –repite, de taco en taco–, aunque con
este oído de mierda... Yo no creo en la sacralidad de la vida, pero que yo terminara
como trompetista sería un milagro”.
Los viajes con las monjitas
Luis Montes, bajo el influjo de Miles Davis. Mónica paTxoT blo en verano y le sentaba
en el tren junto a una monjita para que no fuera solo. “Imagínate qué viaje:
salía de Madrid a las ocho y llegaba a Salamanca a las tres. Es que mi madre era
muy salerosa. Mi madre, cuando le presentaban a alguien, lo primero que decía era:
yo tengo un hijo médico y otro arquitecto. Su obsesión, como Esperanza Aguirre
con privatizar la Sanidad, era que sus hijos fueran lo que no habían sido ellos”,
cuenta el médico. De niño, incluso le animaba a ser torero, cuando Luis era de
lo más antitaurino. “Antitaurino porque estaba gordísimo. Yo fui una obesidad
mórbida hasta los 15 o 16 años. Ya sabes cómo son las madres: kilos de croquetas,
kilos de patatas fritas, kilos de huevos… Pero ella decía que tenía un nombre
que era fantástico para torero: Luis Montes. Incluso me llamaba Chamaco, por un
torero de Huelva”. Y ahora nuestro trompetista comienza a soplar un blues. Su encrucijada
fue hacerse mayor de edad en plena revolución del 68 y tener un padre mili-
«Mi madre siempre decía: yo tengo un hijo médico y otro arquitecto» «Ella quería
que fuera torero; incluso me llamaba ‘Chamaco’»
Luis Montes no cree en los milagros, aunque haya pasado por situaciones límite como
para encomendarse a todo el santoral. Por ejemplo, cuando su madre le mandaba al
pue-
tar al que le olía el aliento a espíritu nacional. Una combinación poco recomendable,
pero bastante extendida en la época. “Mi padre era un enfermo mental. Lo llamaron
a filas en la guerra y volvió totalmente atocinado. Era un fascista intolerante,
una mula parda con un nivel cultural de menos 40. Parece mentira que hables así
de tu padre, tan duro, pero yo lo vivo así. No tenía nada espontáneo, ni un pensamiento
libre. Todo era control, disciplina militar, Franco...”, relata sin que su rostro
muestre ni un solo signo de agresividad. Él dice que se hizo anestesista porque
sí, no por vocación, ni por una llamada, aunque quizás inconscientemente era un
intento de borrar el dolor acumulado. Cuando escucha la palabra felicidad, Luis habla
de Hume, del equilibrio y de la ética del observador independiente, aunque luego
no necesita demasiado para que un día sea un buen día: “Que no me levante con
una rodilla hinchada y que haya dormido bien”. Quizás es que Luis quiere ser lo
contrario a anestesista y así despertar a ese “90% de muertos vivos que habita
nuestra sociedad”. Quizás con un buen soplido de trompeta... D